Hoy es uno de esos viernes extraños en los que, los efectos de un resfriado, provocan en ti todo cuanto atenta contra el buen inicio del día. Llega la pereza, las sábanas se pegan y hasta ducharnos es como si estuviéramos tratando de subir al pico de las más altas y empinadas lomas de nuestra isla. Tarde, un poco tarde salía de casa, pero la premura era el colegio, iba temprano aún para llegar al trabajo.

Dejé a Christopher en su curso, le eché un par de cuentos a la profesora y mi ánimo por llegar a la puerta fue tan fuerte que me dio espacio y tiempo hasta para disfrutar de ver a Claudette, mano en el pecho y erguida como guardia, cantar el himno nacional; me cerraron la puerta y había que esperar el culto a la Patria para poder salir, en conclusión, las tortugas iban más rápido que yo.

Como de costumbre, aunque con menos prisa, encendí “el blue”, como Christopher le llama a mi auto y me decidí a llegar al lugar de trabajo. Durante el trayecto, escuchaba mis acostumbradas canciones de los viernes, el especial de Fernandito Villalona. En la intersección de siempre, el mismo AMET, esta vez estaba de espaldas charlando con un vehículo que pretendía, en algún momento, cruzar la calle. Todos los que iban en mi misma dirección siguieron su curso, igual lo hice yo.

Casi atravesando la calle y como de sorpresa suena el pito. El AMET había girado y frente a los que cruzamos la calle hizo la señal que de nos detuviéramos, como ya estaba en casi en medio de la misma, decidí terminar de cruzarla. Pensé que sería una locura detenerme allí, igual el AMET tendría que darme paso para que no bloqueara el transito, continué.

La radio tocaba en ese momento “Compañera”. Aunque muy cogestionado, como todo un artista del baño, hacia mi mejor esfuerzo por desentonar, no tenia que esmerarme tanto para cantar muy malo, el objetivo se lograba con facilidad… De repente, sentí una voz justo en mi puerta, el cristal estaba medio bajo. El agente me pregunta: -“¿Usted es militar?”, a lo que de inmediato contesté que no.

Mientras la primera pregunta, sin un buenos días si quiera retumbaba mi mente, escuchaba la perorata del agente que inició por “Yo ordené que se detuvieran, usted debió hacerlo. Ustedes los civiles no quieren respetar la autoridad, no nos quieren respetar a los AMET”. A lo que sin airearme y con mucha altura y respeto contesté: – No señor agente, no todos somos iguales. A usted no le he faltado el respeto, y si seguí, era porque estaba casi en medio de la calle cuando usted de repente ordenó que nos detuviéramos y no quería obstaculizar la vía. Creo que a usted le faltó la señal de advertencia de que nos fuéramos deteniendo antes de llegar a la señal de pare. El AMET fungió el seño y volvió a repetir y con tono más fuerte, “ustedes los civiles no quieren respetar la autoridad”. Se dio la vuelta, se le olvidaron nueva vez los modales y no fue capaz de decir “pase feliz día”, yo seguía consternado.

Y es que quizás ustedes se preguntarán que por qué estaría yo consternado, y la respuesta es simple. Primero, llama mucho la atención el hecho de que, aunque yo estaba vestido como civil, el agente de AMET me preguntara si era yo militar… ¿Será que los militares, fuera o dentro de servicio y sin situaciones que lo ameritan, pueden “irrespetar” los AMET y hasta semáforos y señales de tránsito del país? Es entonces cuando me pregunto ¿Dónde queda el viejo principio de que “todos somos iguales ante la ley”?. Aunque en este caso no hubo tal irrespeto a un mandato de la autoridad del transporte, la pregunta me lleva a pensar que los que no son civiles, tienen como práctica común hacer todo cuanto se le pegue en gana y faltarle hasta a sus propios compañeros de placa… Si así fuera, esto ta’ muy mal.

Lo otro que me llevó a sentirme de tal forma es el hecho de que, el agente de AMET, ante un hecho que buscaba no provocarle una situación difícil, prefirió ir a “quejarse” y a “mendigar” autoridad donde no debía, porque al final, “querer” respetar o no la autoridad no es opción de un ciudadano, respetarla es su deber, y es la autoridad la que debe hacerse respetar, porque ante una posible injusticia o abuso de poder, para esto el ciudadano se supone que tiene los tribunales. Si, se supone.

Yo la verdad, todavía esta es la hora, que al escribir sobre el particular, no comprendo la actitud del AMET. Estoy más confundido que la canción de Fernandito, pero na’…

Así comenzó mi viernes, entre Fernandito, el AMET que quería que yo frenara de golpe para que el que venía detrás le rompiera el fundillo “al blue” y que mensualmente ese agente no me ayuda a pagar. Sumado a esto el boche por baja autoestima de la autoridad que entre una fiscal y algunos hijos de poderosos ta’ jarto de que le falten, pero na’… “Sé que te perdí” ahora suena, que siga la fiesta….


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