Este fin de semana había sido un poco intenso, era uno de esos en los que deseaba estar alejado de las Redes Sociales por aquello de que muchas veces, es mejor mantenerte al margen de algunos temas hasta tanto entiendas llegue el momento oportuno para tocarlos. Pero en ocasiones, la irracionalidad llena de indignación y provoca que la ausencia no se prolongue, y caigan las descargas eléctricas en medio de una tenebrosa tormenta.
El lóbrego fenómeno a que hago referencia inició hace días con el tema haitiano, con personas que asumen posiciones que da cuenta de un “radicalismo lúgubre”. Amén de nuestros deseos, deberes y derechos, siempre en el debate de la ideas, debemos tener cuidado cuando el diálogo de seres humanos se trata.
Nadie en su sano juicio puede negar que el país ha hecho todo lo humano y legalmente posible para colaborar con nuestros vecinos de Haití, pero también nadie puede negar que durante muchos años y desde el propio Estado, algunos se han dedicado a sembrar odio contra la comunidad Haitiana que vive en nuestro territorio, sin importar su condición, y es en este contexto que leo el siguiente tuit de Angy Peña:
Cito: “En las universidades dominicanas los extranjeros pagan colegiaturas muy altas, pero los haitianos pagan como dominicanos. Cómo se llama eso?”. Luego escribió otro tuit en el que decía que sabía de lo que hablaba porque había pagado la colegiatura de dos nacionales Haitianos, y fue entonces cuando la indignación se apoderó de mí.
No entiendo por qué muchos “hacemos un bien” y tenemos que salir a pregonarlo a los siete vientos, por lo que intervine para preguntarle a la Sra. Peña la razón por la cual pagaba la colegiatura para luego sacarla en cara. Le manifesté que entendía injusto esa actitud porque cuando un ser humano hace alguna obra social, debe hacerlo de corazón y no esperando recibir algo a cambio; ni siquiera el reconocimiento por respeto a la dignidad de la gente que recibe el favor.
Por conveniencia, existen personas que ven diferencia entre un haitiano nacido en suelo dominicano y un Haitiano que vino de Haití a vivir aquí; porque el haitiano que nació en suelo dominicano es tan dominicano como cualquiera de nosotros. Pero al parecer, la señora Angy Peña ignora eso, como también ignora que sus hijos y los hijos de sus hijos tienen exactamente los mismos derechos de aquel al que ella le estuvo pagando el crédito en la UASD, y ahora en público lo saca en cara, tan solo por el hecho de ser haitiano en medio de la tétrica tormenta que ha despertado el tema en el país. ¿Cómo se llama esto? ¿Racismo quizás? ¡Y no de plátano!
Angy Peña, quien es parte de la gestión de Los Castillo, como Viceministra del Ministerio de Energía y Minas, la emprendió contra mí hasta el punto de llamarme “simulador” en su cuenta de tuiter, tan solo por el hecho de yo llamar su atención por la indiscreción de haber dicho una cosa que no es cierta. Porque no es verdad que un nacional haitiano paga lo mismo que un dominicano en la estatal Universidad UASD, al contrario, los haitianos además del costo como extranjero que tienen que pagar, debían de viajar cada dos meses porque contrario a otros extranjeros sus visas de estudio debían ser renovadas cada dos meses.
La viceministras del MEM además de mentir al decir que a los haitianos se le cobraba menos, desconoce la verdadera realidad sobre lo que opina; y para colmo, enseñó el refajo de la mezquindad al enseñar a la mano derecha lo que hace con la izquierda.
Su reacción no se hizo espera, la viceministra me llamó “disparatoso”, y fue entonces cuando me percaté que nada podía hacer, al parecer ya había aprendido bastante bien de aquellos que creen que tienen todo el derecho para ofender a los demás y detractar hasta su propio pueblo, ignorando aquello de que no ofende quien quiere, sino quien puede. Lo cierto es que al parecer el espíritu de aquellos que siembran odio en la sociedad permanece en algunos que laboran en ese Ministerio. Para externar valoraciones hay que ser justos y para ello hay que reflexionar. Es hora de abrir los ojos mi querido pueblo, vamos a preguntarnos ¿Es esta la clase de funcionarios que nos merecemos? ¿”Gente” que atropella gente cuando no hay coincidencia, que no sabe dialogar con altura; y con la que no se puede llegar a diálogos sin sacar a flote sus bajezas?
La “conversación” continuó, la funcionaria mantuvo su ofensiva, algo característico en fanáticos como ella, que acostumbran a acosar a quien en su camino se tropiece con el tema “Haití”. Me sacó en cara su hoja de vida, es decir, su CV; al mismo tiempo me llamaba “anexionista”, “ignorante” y hasta “simulador”, que penoso.
Ahí se había equivocado la señora Angy Peña, pues yo no soy de los que suele hablar de lo que no sabe, conozco perfectamente los reglamentos de la UASD, y sabia cuanto paga un extranjero, por eso hablaba con propiedad. Por lo que al recibir mis respuestas al poco tiempo quedaría muda, su mentira habría sido descubierta. Sin embargo seguí leyendo y hasta su CV busqué, necesitaba ver si me había perdido de algo; y fue toda una joya lo que encontré.
La señora Peña es el reflejo de lo que viven muchos de nuestros políticos y hasta empresarios en el país, de qué nos valen los títulos si no conocemos su valor; de qué nos valen las obras sociales, si no percibimos el valor que estas tienen cuando se realizan con el corazón; de que nos sirve haber estudiado, si el conocimiento nos ha hecho un canguro de la política. Nuestra historia tiene más colores que la bandera que enarbola la comunidad LGBT, una muestra de que es mejor que dejemos los CV y nos sentemos a ver los hechos, que sean estos los que hablen.
Hay oportunidades en que leo algunos funcionarios escribiendo en twitter y hasta en sus muros de facebook, respondiendo y debatiendo con ciudadanos y me pregunto, cuándo es que vamos a poner un buen ejemplo en el país, no podemos seguir dándonos el lujo de contar con este tipo de funcionarios que ofenden al ciudadano tan sólo porque tienen «diferencias» en algunos temas.
La verdad es que en este intercambio de tuits a la señora Angy Peña la traté con mucha altura y respeto aunque como ciudadano ella no respetara mi persona, amén de las luces que exhibe en el CV, sus sombras en la práctica dejan al desnudo su verdadero yo.
La señora Viceministra había preferido llamarme mentiroso en lugar de admitir que había dado una información falsa y que al hacerlo había negado el derecho de dos ciudadanos a decir lo que realmente son, DOMINICANOS, me señaló irresponsablemente con calificativos que no me adornan, y olvidó que la información se democratizó hace mucho tiempo, y que nadie es dueño de una verdad absoluta. Hoy en día hay que documentarse bien antes de hacer una denuncia o acusación para no pecar irresponablemente de mentiroso.
Al parecer la Viceministra que golpea al pueblo no encontró respuestas cuando le desnudé con datos concretos ¡La mentira no llega lejos!, prefirió huir al debate y no admitir y rectificar el error, típica práctica de alguien que sirvió a los genios de la industria del odio en el país, prefirió salir a sacar en cara a todo el mundo la clase de política que era publicando fotos fumigando en barrios y regalando mascotas, una acción mucho más penosa, porque a decir verdad dice mucho de ella y de una clase política a la que pertenece.
Es penoso que haya tanta gente que tiene tanto que aprender de Danilo Medina, pero prefiere el camino más corto, ni lo leen…Deberían aprender más de él, sobre todo los funcionarios que no funcionan y abusan hasta verbalmente de nosotros, el pueblo que los vota.
Reflexionemos… Hoy en día no se trata de quién se “despoja de lo suyo” para dar, sino de quién se ocupa de crear las condiciones para que todos puedan ganar dignamente el sustento de echar pa’ lante su familia.
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